Miss Bolivia “Miau”

Publicado: 14/01/2014 en Disco de la Semana
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En la inauguración de esta sección, he hablado de una artista como Alika, cuyas palabras son cuchillas que apuntan al sistema. Bueno, hoy voy a seguir por la misma senda con el segundo disco publicado por Miss Bolivia, llamado “Miau”.

Digo la misma senda, no sólo porque el Dancehall, el Reggae y la Cumbia se mezclan en un cocktail de canciones; tampoco porque es una cantante con rastas en la cabeza (aunque pertenezca al Umbandismo mas que al Rastafarismo); sino porque, como Alika, Miss Bolivia tiene un don especial para las rimas, y las usa para pegarle al poder establecido. Pero hay algo en esta artista, que ruge vestida de leona, diferente a otras. Hay algo de los tiempos que corren en el país que flota en su música. Puede ser difícil de analizar. O muy fácil. Veremos como explicarlo.

“Rap para las madres” pudo estar dedicada para todas las madres del mundo, pero el primer verso aparece una fecha que se explica por sí sola: abril de 1976. Cuatro cifras que determinan el sentido de la canción y apuntan toda su perfecta energía (una energía que es dulce e implacable a la vez) hacia las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. No puedo dejar de lado este verso que no se me escapó: “Porque el rap para las madres, el rap es así/ el rap para las madres no va a Sadaic”.

Digamos, todo el álbum parece ser una provocación a todo tradicionalismo, conservadurismo, etcétera. La mezcla de géneros, tanto musical como sexualmente, es algo muy presente en canciones como “Bien Warrior”, “Ya probé” y la grandiosa “María José”. Esta última quizás sea la más explícita en lo que se refiere al discurso lésbico y, además, una declaración de amor que es de las más tiernas que escuché. Esta mezcla de géneros se mimetiza muy bien con la sociedad post ley de matrimonio igualitario en la Argentina, parecen ser parte de la celebración de un álbum lleno de alegría maliciosa.

Pero la provocación no termina en lo sexual y la mezcla de estilos musicales. Miss Bolivia (y todo su grupo) es un conjunto de danzarines que se mueven sin ataduras, libres de todo cuestionamiento, que usa el baile como una manera de profundizar su golpe popular (quizás “Menea” sea EL himno a esa sensualidad bailantera buscada). Ese tipos de golpes que son muy propios de lo subalterno, de lo underground, de la llamada contra-cultura. Que hay que aprovechar en esos pequeños y primerísimos momentos donde son efectivos. Digo, esos momentos que realmente mueven consciencias. Esos instantes antes de que sean chupados inevitablemente por las industrias culturales. Y es justamente estos momentos donde hay que aprovechar a “Miau” antes de que (ojalá nunca pase) sea una parte más del mainstream.

El disco es imbatible. Es ideal para que suene en una fiesta. Ya sea en un galpón hippie, o en una casa de dos pisos y jardín amplio. Porque Paz Ferreyra lo dice en sus primeras letras: “Somos tan distintos, pero te quiero igual”. Porque esa leona que parece querer comerse al mundo, en realidad no ruge, sino maúlla. Hasta en eso golpea al sentido común.

Por Renzo Cavanna – re.cavanna@gmail.com

 

 

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