Mi Nave “Estela”

Publicado: 30/07/2014 en Disco de la Semana
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La música experimental es la única manera de mover una cultura estancada, y mucho más cuando el músico deja de auto-satisfacerse con los sonidos que escuchó de chico, esos sonidos que son cómodos y sirven de colchón para cualquier caída, y comienza a incorporar mucho más cosas a su repertorio y a su manera de hacer música. Cuando se libra de esos tapujos, recién ahí puede realizarse como artista y, recién ahí puede llevar para adelante el futuro de su arte y su realidad cultural.

Sí, semejante afirmación debería tener un ejemplo para basarse. Y uno de ellos es ciertamente la banda que nos toca ver hoy. Mi Nave, oriunda de Rosario, ofrece con “Estela”, un álbum que, ciertamente suena a Post-Punk, pero que definitivamente no se parece a nada.

Es el segundo disco en la historia del grupo conformado por las guitarras de los hermanos Pablo y Andrés Bofelli (alias Feli y Andrés Yeah, respectivamente), el bajo de Martín Greco, la batería de Iván Brito y los sinthes de Jo Maidagan. Anteriormente, ya en el 2012, habían publicado “Brillante”, con el cual maravillaron a buena parte de la escena Indie de Rosario y con el lanzamiento de este último trabajo pueden terminar de enamorar a la ciudad santafecina.

Mi Nave descubrió una excelente manera de superponer diversos sonidos en varias capas, cuyas melodías mantienen entre sí una estrecha ligazón y se alimentan cada una de la otra. “Regalo” es una paliza de Space Rock, algo mezclado con Dream Pop del bueno. Mientras que “Andrés” mantiene un ritmo constante y frenético, casi de discoteca, con una melodía muy pegadiza y hitera. Las oleadas de sintetizadores y guitarras desfilan ante nuestros oídos como actores secundarios, pero absolutamente fundamentales para la razón de ser de Mi Nave y su poderío musical.

“Feriado Puente” tiene también ese toque algo soñador del pop, pero, al parecer, ningún integrante de la banda está pensando exactamente lo mismo al momento de hacer el tema. Y eso, bien ejecutado, es genial. Las letras, a cargo de Feli, no parecen decir nada, y si dicen algo es simple y concreto. Pero el cometido es otro, porque la voz también es una capa de sonido más, y las frases actúan de la misma forma. “Entre los feriados te la di/ antes de que sea muy tarde/ nos pusimos a entender algo”. Esto, dicho a simple voz no lleva a ningún lado, pero en el tema cada frase se entremezcla sintácticamente con la otra, como si las tres fueran una línea más de bajo, batería o guitarra. Y esa es básicamente la idea de “Estela”.

“Palmeras” comienza con percusiones casi tribales de Iván Brito, mientras que la banda, unos golpes más tarde, lo va secundando lentamente, para finalmente englobar el tema, que se pone bailable a medida que aparecen las voces. “Mil palabras dicen más que una imagen” grita Feli, en su manía para poner todo del revés. En un momento, el baile se vuelve melancolía pura y la música baja a una depresión, para luego ir transitando por diversos estados que parecen haberse derivado, más la ncesidad de una progresión natural del tema, que de la voluntad creativa de sus practicantes. Como si los músicos se dejaran llevar por esa misteriosa fuerza, que no es otra cosa que la música que crean, y el resultado sea esos tres minutos de pura abstracción. El disco, propiamente dicho, cierra a puro delirio en “Crocante” y hay un tema “oculto” que es, nada más ni nada menos, que una cumbia made in Mi Nave (de todos modos estamos de Santa Fe, no?).

El nombre de Mi Nave y su título Estela, deja un sabor espacial y, por lo tanto, algo de ciencia ficción en nuestras cabezas. La intención puede llegar a ser esa, pero la banda no deja tener los pies sobre la tierra. Su pop no es demasiado soñador como para parecerse a Cocteau Twins, ni su rock es tan espacial como para ser igual a Spacemen 3, pero todo la música habla de Mi Nave y eso es un gran camino. De hecho, en primer plano lo que vemos no son estrellas, ni platos voladores, ni siquiera imágenes alucinatorias, sino un pequeño zorro desplazándose por matorrales que recuerdan a los paisajes del Río Paraná, emblema y madre de la ciudad de Rosario. Sólo muy atrás, sobre ese cielo pintado de nubes, vemos la estela de la nave espacial que despegó desde algún monte y que nos hace pensar en que la psicodelia que los chicos de Mi Nave proponen, tiene un punto de apoyo en la naturaleza. Y que, como esos dos minutos enteros del sonido de las olas rompiendo en la costa sobre el final, hay naturaleza también en su música, y es ella la que los guía y los que les da identidad. Es ella la que mueve las culturas y las masas. A ella hay que dedicarle la vida.

Por Renzo Cavanna – re.cavanna@gmail.com

 

 

 

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