Adrián Juárez “Araucarias”

Publicado: 29/08/2014 en Disco de la Semana
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Cuando la música que llega a nuestros oídos provienen de un solista o canta-autor siempre estamos escuchando el corazón de un artista que puede o bien contarnos parte de su vida o bien exponer su corazón a crítica de los oyentes, ya que ni bien un disco sale a la exposición pública deja de pertenecer a la intimidad del compositor y se transforma en parte de la cultura, en parte de los corazones, al menos, de los amantes de la música, el cual este humilde blog es profundamente devoto.

Adrián Juárez, al igual que Guillermo Beresñak, es uno de estos misteriosos pero encantadores artístas que tenemos el privilegio de escuchar de vez en cuando. Su espíritu cancionero viene publicando discos desde el 2011 con “Tu nombre es Fresa” y “Marimba” en  el 2012. En esta ocasión volvemos a escuchar una nueva publicación del compositor platense pero desde una perspectiva diferente. Si los primeros discos eran algo oscuros y fríos, en “Araucarias” Juárez propone un viaje a los sonidos del África, en un repaso por lo que parece las 24 horas de un día en ese continente.

Luego de la introducción de esa idea musical-africana en “Los Rugientes”, el croar de unas ranas hacen de presentadores de “Dun Dun”, un tema que usa la alegría de las marimbas para construir un tema que no tarda mucho en sacarnos una satisfacción. “No habrá nada que decir, mi gurisa, más que una gran sonrisa” el tema evidentemente habla de una felicidad permanente, un ambiente optimista que es efectivo y da en la tecla, con unas voces susurrantes que es una característica de Juárez. Pero estamos obligados a ver más allá de las intenciones del autor, “mi gurisa” es claramente una noción argentina, y por mucho que investiguemos las araucarias de ninguna forma crecen en África, y sí lo hacen en la Patagonia. Sin embargo, el paisaje no deja de ser selvático y la alegría del tema indica la pertenencia a una tribu compacta, feliz de celebrar su pertenencia social, y a dos de sus integrantes enamorados sin las preocupaciones modernas que acechan al amor en el presente.

Las canciones son simples y acogedoras y, al menos en la primera mitad del viaje, parecen pedazos festivos y celebratorios de esta vida que tenemos el orgullo de vivir. Un paso adelante de lo que fue la composición de álbumes anteriores de Adrián, y un aporte significativo a lo que viene siendo la música platense, a veces demasiado sombría para hablar de la cotidianidad que se enfrentan los artistas día a día. “Araucarias” tiene una esencia que obliga no tanto a prestarle atención sino a disfrutar de su música.

Tanto los animales (saltamontes y felinos sobre todo) en las letras, como las percusiones en la música, dominan todo el álbum, el cual sigue las vicisitudes de un día que tuvo la (¿mala?) suerte de tener una tormenta sobre la cuarta canción (“Los Saltamontes”) y que, como todas los días, tuvo su respectiva noche cuyo comienzo se encuentra en el séptimo tema: “La Luna se fue a volar”, que es dicho sea de paso es todo un encanto. Sin embargo, aquí el álbum comienza a tener un dejo de oscuridad temática aunque la música siga con su optimismo permanente y habitual. En “Jacinto de las Tinieblas” se habla de un hombre sin palabras pero también de un niño agazapado; en “Las Negritas, los Negritos” hay niños que “si te ven llorar, en noches de soledad, ellos te arrullarán”. Como ven, no hay nada que temer en este mundo creado por Adrián Juárez, a pesar de la noche tenebrosa todo tiene solución. Finalmente, en “Araucarias”, el artista cierra su tercer disco en un amanecer estridente, sobre una canción enternecedora y afirmando con contundencia la reflexión máxima que nos deja este viaje: “Las fieras de la noche comparten tu temor, no temas sus garras, ama su corazón”.

Puede hablarse que la forma tan íntima y frágil que tiene Adrián Juárez de presentar sus temas encontró un refugio excelente en la selva para desprenderse de los tapujos sociales y relucir un ser escondido vaya a saber donde. Pareciera como si el autor hubiese encontrado en los árboles y matas un lugar para esconderse y acechar, como hacen los jaguares con sus presas (en “Fuertes de Bambu” habla de dejarse devorar por su encanto animal). El ataque de Juárez toman forma en estas diez canciones y que, luego de absorbernos con su magia, él nos mirara desafiante, ya enmascarado y convertido en un niño-cazador. Pero la selva puede ser tanto un lugar de paso, o una verdadera casa donde vivir. Estará en él continuar cazando como un guerrero jaguar, o seguir buscando nuevas formas de su ser escondidas en alguna otra parte de su espíritu. Lo único que podemos decir es que hoy tenemos la posibilidad de escuchar parte del corazón salvaje de Adrián Juárez, un canta-autor que sabe donde apuntar sus flechas.

Por Renzo Cavanna – re.cavanna@gmail.com

 

 

 

 

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