Julio y Agosto “Canciones del Desastre”

Publicado: 27/11/2014 en Disco de la Semana
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Cuando propusimos la etiqueta de Neo Orquesta Porteña, hace un tiempo atrás, cuando hablábamos de Las Taradas y La Familia de Ukeleles, no podíamos dejar de mencionar a Julio y Agosto. La popularidad de esta banda quizás esté tapada por la del super-grupo de “señoritas” mencionado primero, pero si algo hay que destacarle a JyA es que marcaron un camino y un gusto por los instrumentos acústicos que llevaba muchos años dormido en la maniática pero sensual ciudad de Buenos Aires.

Tras dos discos (“Julio&Agosto” y “El ritmo de las Cosas”) el sonido de la banda empezó a oscurecerse. Ya su segunda publicación no tenía el mismo humor (recordemos al pobre Heracio) y el mismo desdén que el primero. Y en “Canciones del Desastre” definitivamente las cosas estallaron. Bueno, estallaron a la manera que Julio y Agosto le gusta que estallen. En pequeños fragmentos que caen antes que en una severa explosión destructiva. Entre una dejadez risueña antes que en una desesperación de muerte.

La banda integrada por los hermanos Marcelo y Miguel Canevari, Santiago Adano, Leandro Aspis, Luciano Cuneo, Guido Gromadzyn, Manuel Katz, Juan López Peña y el aporte en piano de Antonio Zimmerman, parece que se puso seria para esta tercera publicación de su historia. Bueno, seria también es una forma de decir; “tengo una gorda encima que me quiere aplastar” (en “Las Siestas al sol” genial cover de Sunny Afternoon de los Kinks) no parece serio, pero para los estandares de Julio y Agosto sí lo es. Además el sonido de los instrumentos parecen más compungidos, un toque más violentos y rústicos que siempre (hemos leído por ahí que los JyA “interactúan con bajas fidelidades” y estamos de acuerdo).

Una canción destacada es “La del Avión”. En un ambiente de tristeza, pero con el orgullo flotando en el aire, los Julio y Agosto dicen que “no hay nada por hacer” y que “vamos a caer al mar”, así como si uno les pidiera explicaciones pero rápidamente se de cuenta que no hay, que no las necesita, y que además ellos no las tienen, o quizás nadie las tenga, todos vamos a caer al mar y eso es para festejarlo. De hecho, la canción termina con un coro casi alegre, que roza el optimismo y la celebración, una verdadera belleza.

Al parecer el desastre, como lo indica el título, está literalmente presente en cada una de las siete canciones. El tema radica en que esa soberana oscuridad casi Emo está sometida a una estética de ánimo y felicidad, como toda canción que pasa por las manos de Julio y Agosto. Lo que hace de este disco (como también lo es, de cierta manera, “El ritmo de las cosas”) una perfecta presentación de lo que la banda puede llegar a lograr.

En “Las Cosas” dicen “todo está muy bien, el ojo del huracán me está mirando otra vez, esta calma me inquieta”. La tensión ahí es casi insoportable, pero ellos siguen cantándole a la tormenta que “ya está acá” y al invierno “que todavía no pasó” y explican que la causa de haberse caído y lastimado es porque “andábamos alto”. Allí, no hay manera de sentir el lamento, la desazón pero también el conformismo hipócrita el cual es, quizás, tomado sarcásticamente por esta banda que aún tiene mecha para cortar. De hecho “Canciones del Desastre” suena a disco transición, como una previa al verdadero y último huracán que se aproxima y barrerá con todo.

 

Por último, “La del Avión” y el siguiente instrumental “La Isla” llevan como subtitulo el nombre de “El señor de las moscas I y II”, no se de que manera los músicos quisieron homenajear ese excelente libro de William Golding, pero lo cierto es que no hay pocos puntos en común. Unos niños cayendo en una isla desierta donde terminan matándose entre ellos, un desastre que inspira ternura. Los Julio y Agosto bien pueden cantarle a esos pequeños jóvenes que se encuentran lejos de casa, que la sociedad los obligó a juntarse, a discutir sus problemas, a pelearse, perdonarse, volverse a pelear, matarse, todo porque es así como “son las cosas”. Casi todas las canciones de JyA tienen un dejo infantil pero en este caso, el característico niño (devenido ahora en adolescente) con cabeza de lagarto parece cansarse de corretear y jugar con monstruos y parado sobre su terraza de Buenos Aires, parece “estallar” descansando su cabeza bajo su propio brazo. Julio y Agosto también parece estallar, y hasta también parece que estamos viendo crecer a una verdadera persona en forma de banda. Lo que venga con la adultez puede llegar a ser épico.

Por Renzo Cavanna – re.cavanna@gmail.com

 

 

 

 

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