Lulacruza “Orcas”

Publicado: 30/04/2015 en Uncategorized
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Lulacruza

Llegó el momento de decir que el folk ha entrado en una fase experimental. Desde los intentos ya vistos en Toch, y esa hermosa conjunción de sonidos de la naturaleza con acústica que es El Poder Oculto, ahora llegamos a una fase donde la electrónica y los samplers tomaron el control.

Lulacruza es un dúo colombiano-argentino que fusiona ritmos latinoamericanos con arreglos digitales, en virtud de lograr un sonido único y diferente. Desde el 2008, están en el camino de la experimentación y ya puede decirse que es definitivo: encontraron oro en esta montaña musical que son los ritmos de América Latina.

Alejandra Ortiz (cantante y compositora nacida en Bogotá) y Luis Maurette (percusionista argentino) son dos viajeros, músicos, compositores, miembros de comunidades auto-gestivas, y personas plurilingües que viven casi constantemente de gira por Latinoamérica presentando su proyecto. Esos constantes intercambios culturales y el fluir de tours y viajes le hicieron una fama internacional prestigiosa, al punto de figurar en las listas de críticas de los diarios y revistas más importantes de la industria. Con el tiempo terminaron por volverse, de alguna manera, referentes dentro de esa odiosa y discutida etiqueta de “World Music”, y así uno los puede encontrar en los “playlists” de todo la web.

Fue ese reconocimiento lo que los llevó a grabar su último disco al noroeste de los Estados Unidos, particularmente en la isla de Orcas, a mitad de camino entre las ciudades de Seattle y Vancouver (Canada). Allí encontraron los ámbitos justos para desarrollar de forma plena su idea musical. Por un lado, un lugar alejado de todo contacto urbano, donde puedan conectarse con la naturaleza, fundamental en su arte. Y por el otro, un estudio capacitado para explorar hasta el mínimo detalle los recursos técnicos-electrónicos que son la otra pata de la música de Lulacruza. Así entonces nació Orcas, uno de los hitos del dúo, y quizás uno de los discos del año, por lo menos en Latinoamérica.

El disco empieza con un Harmonium que sitúa en un contexto mágico a “Lagunita”, primer tema. Dicho sea de paso, así, en ese mismo estado surreal, onírico y celestial de esta canción va a configurarse casi todo el álbum. Por lo que bien le puede caber el mote de introductorio. La voz y todos los ecos provenientes de la boca de Ortiz llenan el espacio acústico y no dejan lugar a un respiro en los primeros tres minutos, momento cuándo entran las percusiones y los beats de Maurette, para finalizar la canción como si fuera un rito chamánico.

En “Comandante” las guitarras ofrecen una armonía algo más dulce. Los arreglos electrónicos son a veces superficiales, como si fueran pequeñas capas de sonido ambiente que aparecen de manera azarosa a lo largo de las canciones. Todo forma un conjunto melódico. Y en “Comandante” parece un ecosistema de sonidos viviendo dentro de la canción, apareciendo de forma furtiva, mostrándose en toda su naturaleza musical. “Uno Resuena” es uno de los puntos altos, aunque creo que no hay en un hito en un álbum que es uniforme en su presentación final.

Es que Lulacruza cierra por todos lados. Para un grupo de amplia proyección internacional como ellos, el hecho de mantener su lengua de origen no sólo es para aplaudir sino que, sobretodo en estos tiempos de típica tendencia de llenar de inglés las palabras, para admirar. Y este punto me interesa destacarle, creo que debe ser un ejemplo para cualquier otro proyecto musical de esta magnitud: multicultural, con polifonía de rítmos, y catalogado (injustamente) como “World Music”, es fiel a sus raíces.

Todo parece indicar que es ESTE el disco insignia de Lulacruza. Sin embargo, todavía hay camino de sobra para que recorra este particular y maravilloso dúo latinoaméricano. Todavía hay más paisajes, más lugares, más sitios donde conectarse, y donde su música revele los misterios naturales. Todavía tienen cosas por explorar, millones de ritmos y armonías que componer, pero quedó claro que la conexión que lograron con la Isla de Orcas puede llegar a convertirse en un hito para la música del continente, y por qué no, del mundo.

Por Renzo Cavanna – re.cavanna@gmail.com

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