Puerto Club “Puerto Club”

Publicado: 18/11/2016 en Uncategorized
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El andar de la neo-psicodelia, a esta altura, parece imparable. Es algo viejo pero nuevo. Y cada vez que pensamos que ya nadie puede hacer nada mejor, aparece una banda nueva que desafía a la anterior. Y es una rueda que parece no parar nunca…y mejor que así sea.

Porque el groove y el ritmo de su estilo es insaciable. Deja con ganas de más. Y algo de eso pasa con esta banda. Puerto Club es relativamente nueva en la escena, pero la justeza y la creatividad de su música hablan de gente que entiende mucho de esto. Ellos son Diego Rodríguez y Nicolás Aquino en guitarra y voces, Germán De Carli en batería y Negrón Medrano en bajo y vienen de Dock Sud manejando un barco lleno de locura, éxtasis y viaje por la cosmogonía del Rock.

Porque su debut es verdaderamente una paliza de buen gusto. Es de esos discos que uno siempre vuelve, porque sabe que va a disfrutarlo de principio a fin. Es una de esas joyas que siempre nos tiene guardada esta enfermedad interminable e incurable que es la neo-psicodelia. Una enfermedad que, claro, nos alegra que no tenga cura. Es de la misma demencia que se contagiaron los In Corp Sanctis; del mismo trastorno psiquiátrico que acabó con el rock correcto de Peces Raros y, por supuesto, del mismo hipnosis que tanto Morbo y Mambo y Los Espíritus trabajan cada show con sus cada vez más numerosos seguidores.

Podemos decir que Puerto Club está en el momento correcto con la música correcta. Pero a decir verdad, siempre es el momento correcto para este tipo de canciones. “Lamebotas” y su comienzo a lo Bestia Pop. “Superior” con esos soniditos extraños.  Es esa batería y sobre todo ese ride. Son esas voces que parecen venir de cualquier otra parte menos de esta tierra. Son esos solos de guitarra. Y es ese bajo omnipresente.

El álbum es puro Rock, a pesar del viaje. Un éxtasis del viejo Woodstock. Es un comienzo que combina baile en “No Significa Nada” y potencia en “Dicen” y que tiene su momento de pausa con unos dos minutos de cuelgue guitarrístico en “Para dos”. Un arpegio simple y tranquilo que sirve para pasar a una especie de segundo segmento que cierra con tres temas que son en realidad un resumen de lo que se trata el concepto de la banda.

Por un lado, el baile, y el casi sensual juego de teclados en “Tiempo en el Espacio”. Luego la potencia y la protesta social en “Caminando Bien”, un tema que bien podría haberse compuesto en la década del 70′ (un blues-rock poderoso con letras que se quejan sobre fanáticos religiosos que opinan sobre el estilo de caminar de la gente), pero que pertenece al presente inmediato de este momento musical argentino. Y por último, los casi ocho minutos de un hermoso viaje por el espacio en “No Tengo Planes”.

Es imposible no esbozar una sonrisa cada vez que suenan estos temas. Como también es muy difícil mantener los pies quietos. Si por casualidad haya algún DJ leyendo estos ignotas palabras que sepa que con esta banda tiene baile asegurado. Porque la verdadera belleza de todo esto no es la perfección, no son las letras comprometidas, no es el volumen ni la actitud arriba del escenario. El secreto de todo esto, es la capacidad de hacer mover a un ser humano con nada más que instrumentos musicales. Y eso Puerto Club lo tiene. Como lo tiene toda esta ola que amenaza con volver loca a toda la Capital Federal. Este éxtasis que es un movimiento incomprensible pero movimiento al fin, donde no importa realmente nada, sólo el placer de estar vibrando junto a la música.

Por Renzo Cavanna – re.cavanna@gmail.com

 

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